Fotografía es de Camila Charry
“Caen como un polvo en la
noche. Suenan como un cuerpo desnudo contra el piso. La impotencia de inventar
una palabra que me nombre.”
Fredy Yezzed
ENCUENTRO CON POETA CHINO
La Luna llena franquea el río,
esa misma Luna bruja del oriente
que solo podría abrazar un dios entre la estepa.
A lo lejos, un hombre caminando
tambaleándose entre los árboles.
Aunque ebrio, no deja de ser imponente
y contempla el horizonte como buscándose a sí mismo.
No sé, solo digo lo que veo.
Ya frente al río, el hombre,
con mirada alta y botella en mano,
rompe el silencio de la estancia con este canto:
–Si el cielo no tuviera amor por el vino
No habría una estrella del vino en el cielo.
–Hombre sabio –le dije– maestro de este valle,
háblame del vuelo de las hojas, de la danza de los peces,
del secreto de las ninfas, de la ruta de las aves;
Cuéntame lo bello, lo que ignoro y necesito
en medio de la guerra para sobrevivir a ella.
–Tales cosas como las que he soñado en vino
Nunca le serán contadas a los sobrios –me respondió
antes de estirar su mano como acariciando la Luna.
–Entonces dime –le rogué–, visionario de los cielos,
¿Cuándo acabará esta lucha,
este llanto como pan de cada día,
esta ruta que no lleva a parte alguna,
esta espera de la muerte en otras manos?
¿Dónde acabará el hombre y sus designios?
En sus ojos cabía el cielo.
Sus brazos estirados recibían a las estrellas.
Su boca, tan abierta, parecía ser el origen del rocío.
Se agachó
Tomó polvo del camino
Lo apretó con fuerza
Lo arrojó al viento
como creando
de sus dedos una aurora
Subió en mi barca
Solo remó
Mirando abajo se echó al río
Creo que con eso quiso decir lo que seremos los hombres:
Polvo en el viento, susurro de agua…
No sé, a veces no entiendo a los poetas.
Son raros como un perro con tres bolas pero son sinceros
y son capaces de tejer el vuelo de una mariposa
en lo profundo de una herida.
RECOGIENDO A NEZAHUALCÓYOTL
De la flor oscura vienes, Coyote hambriento, de la flor oscura
y del lago que emanaba sal y luego llanto extraño y niebla gris.
En ese lago que ahora es casi nada (ahora, cuando eres barro seco y cal forjada),
yo te nombro y recuerdo que de la flor oscura vienes y de la rivera que emanaba sal,
de esa que es vestigio de tu huella, testimonio de tu paso casi extinto.
Te veo en lo alto, imponente como jarilla que crece en los peñascos.
Te veo allí, estirando tu mano fuerte hasta tocar el ombligo de la Luna
con tu dedo largo como el horizonte que dominas.
Con los frutos del nopal construiste los castillos
que ensombrecieron a los hombres provenientes del oriente,
hombres que sin conocerte también tuvieron miedo de tus ojos
y corrieron ante el eco imponente de tu aullido
que subía de vez en vez de la orilla de los lagos.
Vimos a las flores marchitarse, entonces las nombraste
y florecieron de nuevo los jardines.
Algunas veces lloramos hasta que el llanto se hizo silencio.
Entonces alzaste tu voz y nosotros volvimos al canto.
No fuimos nosotros para siempre.
Nos deshicimos como el plumaje del quetzal que se desgarra.
Estuvimos sólo un poco aquí, pero tú no. Tu nombre aún lo escriben las serpientes
/en el valle.
Y tu rostro aún lo dibujan las aves en el aire
porque no brotaste en vano sobre la tierra, Coyote hambriento, no viniste en vano;
no pisaste en vano este rincón donde nace el aliento del jaguar.
El amor, si acaso, me alcanzó para terminar este poema.
A ti te alcanzó para mucho más:
Para amar el canto del zenzontle,
Para amar el color del jade,
Para amar al hombre mismo.
DYLAN THOMAS EN LA OTRA MESA
Esconde el hombre en su sombra muchos nombres.
Se pierde en la niebla, la anda, se esfuma, pero siempre vuelve.
Caben en sus brazos todas las sombras, incluso las de ayer.
Conocen sus manos el resguardo intangible de la Luna.
Señala de memoria cada gota que se oculta en el rocío.
No se inmuta cuando escucha atento el secreto de la lluvia,
hasta que sonríe y con los brazos abiertos la recibe.
Esconde el hombre en su sombra muchos nombres.
En la noche atiende un canto de borrachos en la calle,
lo pinta con un baile de dedos plegados en la mesa
y siete copas de algún elixir le salen al encuentro. Ríe.
Se pierde en la niebla, la anda, se esfuma, pero siempre vuelve.
La hoja entre el suelo y la planta de sus pies es la música.
De todos los mundos posibles, optó por sus mismos labios.
De todos los mundos visibles, escogió su propia ausencia.
Caben en sus brazos todas las sombras, incluso las de ayer
y su puerta más oscura es la que más luz le proporciona.
Escogió el poeta el silencio a manera de profundo grito.
EL REFLEJO DE IAN CURTIS
Vino de la eterna noche de Mánchester.
Un día, caminando por la calle,
se encontró con que el mundo cabía
en un charco al lado de la acera
y que su alma excedía los bordes de su sombra.
Tomó una piedra, la arrojó al charco
y se quedó quieto observando
el efecto del agua en su cabeza.
Retrocedió dos pasos hasta que su sombra
se encontró con el dominio de la noche.
El eco de la piedra contra el charco
aún retumba en mis oídos.
El agua no ha dejado de moverse.
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Omar Garzón Pinto nació en Bogotá, Colombia. Sus poemas han sido
publicados periódicos y revistas especializadas de Iberoamérica. Ha presentado
su obra en diversos espacios culturales, académicos y literarios de su país.
Entre los años 2011 y 2012 se desempeñó como tallerista literario de la
Fundación Andrés Barbosa Vivas y ha trabajado como profesor de Geografía y Literatura
en Bogotá. Es autor del libro Flores para
un ocaso, editado por la Liga Latinoamericana de Artistas (Bogotá, 2013). Dirige
el blog literario farodesnudo.blogspot.com
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COSAS DE NIÑOS.
Omar Garzón Pinto
estuve en Alejandría.
Aprendí que el fuego quema conciencias
y no papeles.
que el viento pasea cenizas de letras y voces.
que el mar es testigo de lo que no sabemos
y una lanza nos mata todos los días.
Nos hacemos más fuego y menos gente.
POSTDATA: personalmente me gustan los poemas de este Poeta, he estudiado su obra meticulosamente y se que son versos esforzado y muy bien trabajados en especial este: "Cosa de niños" porque quisiera exaltar por la forma de hacernos aflorar lo que inevitablemente, nos convertiremos.
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